Dante E. Zegarra López



               En los tiempos de la

           casona de Arequipa al día

Con retazos del tiempo
de muros en ruinas
de sol y de viento,
crearon tu faz.

L

a historia arquitectónica de la ciudad confrontada con los datos documentales acumulados en los repositorios locales y las evidencias arquitectónicas que presenta la hoy Casona de Arequipa al día, nos traslada a mediados del siglo XVIII, en otras palabras a 1750 en adelante.

La ciudad y su población, que venía de sufrir los embates de dos violentos sismos, el 22 de agosto de 1715 y el 8 de enero de 1725,  comprendió la necesidad de emplear adecuadamente los materiales que generosamente les brindaba la naturaleza.

En esos días, aproximadamente un tercio de las viviendas arequipeñas estaban construidas de calicanto, mientras que un mayor porcentaje empleaba la teja.

Tuvo que ocurrir un nuevo violento sismo, el del 13 de mayo de 1784, para que en la reconstrucción de la ciudad se empleara con mayor profusión el sillar. Ese sismo dejó mil quinientas casas demolidas con daños valorados en poco más de tres millones de pesos, según el informe que preparó Ignacio de Chavarría por orden del intendente Antonio Alvarez Ximenez.

espués del terremoto  de 1784, la población se decidió por reconstruir sus viviendas  sobre la base de calicanto. La traza original comienza, en éstos años, a ser rebasada con la incorporación efectiva de un grupo de viviendas que formaron la ahora antigua “Calle Nueva”, así como la expansión por el sur, agregando una cuarta y quinta cuadras a la calle San Bernardo o de los Expatriados, Ejercicios o Alvarez Thomas, como se conoce hoy.

La descripción contenida en el Plano Scenográfico de la ciudad de Arequipa, que dispusiera levantar el Intendente Alvarez Ximenez y que realizara el matemático Francisco Vélez, afirma, pocos años después que:

“… sus calles  son capaces y bien delineadas. Sus edificios son los más de sillería  con techumbre de bóveda , supliendo la falta de arquitectura los dóciles y buenos materiales, fáciles en la labranza, y aparentes a la consolidación, proporcionando cómoda habitación a los vecinos, y hermosa perspectiva a los ojos. Los templos son suntuosos y bien adornados[1]

Las viviendas  arequipeñas en su mayoría cuentan con dos patios rodeados de habitaciones, además de un huerto y caballeriza y, obviamente ante el temor de los terremotos, la mayoría de ellas de un solo piso.

Al parecer los huertos y los jardines eran algo de lo que se enorgullecían los habitantes de Arequipa. Así lo deja señalado Ventura Travada y Córdova cuando dice:

“En todas las casas de la ciudad parten la amenidad y el arte, porque cultivan en ellos graciosos huertos  con tal proporción distribuidos al tamaño de los sitios que ni les quitan los huertos capacidad para otras oficinas, ni les disipan a las casas la majestad de ciudadanas, haciéndolas de campo con extendidos huertos”.[2]

Después de los terremotos de 1784 y de1868, que obligaron a la reconstrucción de la ciudad, reciclando los restos que quedaron en pie, se alteraron las fachadas y en algunos casos se reforzaron las paredes con contrafuertes. Las fachadas fueron tornándose neoclásicas y desapareciendo las ornamentaciones talladas.

En todo caso, es desde 1784 en adelante que las paredes de sillar adquieren una gran sección, un mayor volumen, alcanzando su grosor entre uno o dos metros.

En realidad el ancho de estas paredes obedece a la albañilería empleada, consistente en dos paredes de sillar, una interna y otra externa, rellenadas en medio con retazos de sillar o piedras, unidas con un mortero de arena y cal.[3]

Estas anchas paredes, posibilitaron sostener bóvedas de sillar, aún cuando se carecía de los conocimientos y técnicas de la resistencia estructural. Los alarifes de los siglos XVIII y XIX optaron por construir los edificios y las viviendas aprovechando la gravedad, al hacer depender la solidez de las bóvedas en paredes anchas y en la presencia de las dovelas, o cuñas de cierre.

Los vanos son salvados con el empleo de arcos, los que son dintelados horizontales en el caso de luces pequeñas y con arcos de medio punto para vanos de mayor dimensión. Ocasionalmente se emplearon otras variantes de arcos como los ojivales y los de herradura.

De otro lado, la evacuación de las aguas en la temporada de lluvias se efectuaba mediante gárgolas o chorreras y la iluminación de las calles se hacía empleando linternas o candiles de aceite que cada propietario colocaba frente a las fachadas de sus casas.

La presencia de alacenas y hornacinas, así como una arquería destinada generalmente como comedor fueron otras de las características que adquirieron las viviendas  arequipeñas, que por otro lado lucían decoraciones pintadas en casi todos sus ambientes. El sillar cara vista, pocas veces se dio en esos siglos.



[1] BRITISH MUSEUM  de Londres .- Plan Scenográfico  de la Ciudad de Arequipa  en el Reino del Perú . Francisco Vélez . 1787 (¿?)

[2] VENTURA TRAVADA Y CORDOVA .- El suelo de Arequipa  convertido en cielo. Primer Festival del Libro Arequipeño. Arequipa, 1958.

[3] ELOY TAMAYO FLORES  - LUIS CARBAJAL CRIBILLERO  - ZOILA LINARES SILVA .- El sillar  como alternativa de construcción. UNSA  - ININVI. Arequipa, 1989.

Dante E. Zegarra López
Copyright © 1998, Arequipa al día
Revisado: Miércoles, 07 Agosto 2002.