Los trabajadores de la salud estamos en riesgo
de adquirir la infección por el VIH. Se estima que el 0.3 % de
las exposiciones percutáneas a sangre contaminada con el VIH
resultará en infección por el VIH. Aunque este riesgo es de 10
a 100 veces menor que para exposiciones similares al virus de la
hepatitis B (VHB), las consecuencias potenciales del VIH/SIDA
suelen ser más devastadoras.
Como ni la historia clínica, ni el estado
general del paciente, ni el patrón homosexual y ni siquiera un
examen serológico negativo para el VIH pueden descartar con
certeza absoluta la presencia del VIH, debemos considerar a todos
los pacientes que atendemos como potencialmente infectados y
debemos tomar las medidas preventivas adecuadas con todos ellos
(i.e. las precauciones universales).
La progresión de los casos de VIH/SIDA en los
países desarrollados parece haberse detenido, sin embargo, la
infección está progresando de manera exponencial en países en
vías de desarrollo como el Perú. En el HNSA, por ejemplo, en
estos tres últimos meses hemos visto tantos pacientes VIH nuevos
como en todo el año 1995. Además, se sabe que por cada paciente
VIH positivo que diagnosticamos, existen de 50 a 100 que están
aún sin diagnosticar. Por lo tanto, para los trabajadores de
salud, la manera más efectiva de evitar adquirir la infección
por el VIH en el hospital consiste en prevenir la exposición a
sangre al atender a todos nuestros pacientes.
A veces, sin embargo, a pesar de tomar las
precauciones adecuadas, exposiciones percutáneas a sangre pueden
ocurrirnos. Hasta hace poco se desconocía el valor del
tratamiento antiretroviral (contra el VIH) en esta situación, y
la mayor parte de investigadores dudaba de su utilidad.
Recientemente, un estudio casos-control de 710 trabajadores de
salud de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña con exposición
percutánea a sangre contaminada con VIH ha demostrado que la
conversión a VIH (i.e. ser infectado con VIH/SIDA) se asoció a
los siguientes factores de riesgo: injuria profunda (16 veces
más riesgo), sangre visible en el instrumento causal (5 veces
más riesgo), procedimiento envolviendo a una aguja colocada
directamente en una vena ó arteria (5 veces más riesgo),
enfermedad terminal en el paciente VIH fuente (6 veces más
riesgo). El uso de zidovudina de asoció, por el contrario, a un
riesgo 5 veces menor de infectarse; en otras palabras, el empleo
de este agente antiretroviral disminuyó el riesgo de infección
por el VIH en 79 % (MMWR 1995:44(59):929-933).
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A raíz de este hallazgo, los Centros de
Control de Enfermedades (CDC), han actualizado sus
recomendaciones para el caso de exposición ocupacional a sangre
contaminada con el VIH, las mismas que se resumen aquí:
En resumen: así como todos los trabajadores de
la salud tenemos la obligación moral y médica de atender a
pacientes VIH positivos, los sistemas de salud deben asegurar las
condiciones necesarias para evitar infecciones secundarias en los
trabajadores de la salud. Esto requiere tanto de recursos
físicos (guantes, mandiles impermeables, lentes oculares), como
de esfuerzos educacionales y de consejeria. Adicionalmente, los
servicios de salud deben proveer las drogas antivirales
necesarias para los pacientes y para los trabajadores de la salud
con exposición a sangre. Para que el sistema funcione ambos
brazos deben funcionar adecuadamente.
Todos los trabajadores de la salud deben
reportar lo más pronto posible cualquier exposición a sangre
para poder iniciar las medidas profilácticas adecuadas.
¡Recuerde que la quimioprofiláxis contra el
VIH es efectiva principalmente cuando se inicia dentro de las
primeras 2 horas de la exposición !
Referencias:
Mario Cornejo Giraldo.
Enfermedades Infecciosas. Contacte con nosotros si tiene alguna inquietud.e-mail:mcornejg@ucsm.edu.pe
1997, febrero 10.