Discurso del Secretario General del Sindicato de Docentes ADUCA

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Discurso por el día de docente universitario
Julio 12, 2017
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Alumna santamariana saluda al Maestro Universitario
Julio 12, 2017

Discurso del Secretario General del Sindicato de Docentes ADUCA

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Señor Rector de Universidad Católica de Santa María, señores Vice Rectores, señor Director de la Escuela de Postgrado, señores Autoridades, señores y señoras, pero especialmente hoy, señores Docentes, colegas, amigos, queridos maestros míos presentes esta mañana.

Especialmente señores Docentes porque hoy es un día especial para nosotros y es especial no porque sea al Día del Docente Universitario, sino porque somos Docentes y con respecto a eso es que quiero reflexionar más que felicitar o conmemorar.

Y cuando se trata de un tema tan sensible e importante, es difícil tener las palabras adecuadas. Por eso quizás sea mejor recurrir a quienes con mejor autoridad pueden decir algo más apropiado.

Escuchemos al Papa Francisco, por ejemplo, cuando en el Encuentro Mundial sobre la Educación, reclama… “Ojala den el lugar merecido al educador y el inestimable reconocimiento por el gran impacto que tienen en nuestras vidas y así recuperar la merecida posición como en la profesión más respetada de la sociedad…”.

Quizás todo sería mejor si todos: autoridades, sociedad y nosotros mismos fuésemos conscientes de este nivel: ser la profesión más respetada de la sociedad.

Luego Francisco continúa con énfasis llamando a los educadores: ¡Artesanos de humanidad! ¡Y constructores de la paz y del encuentro!

¡Artesanos de humanidad! ¡Y constructores de la paz y del encuentro!

Escucho esas palabras y a la vez de emocionarme, me cuestiono…: ¿Merezco que Francisco me vea así? ¿Soy una Artesano de Humanidad? ¿Soy un constructor de Paz?

Entonces me motivo… si no lo somos, seámoslo!!!. Ese es el rol que se espera de nosotros, no menos!!!!. Artesanos de Humanidad!!!. Constructores de Paz!!!.

Francisco continua con una exigencia y dice: “¡Ojalá los gobiernos tomen conciencia de la magnitud de su tarea!”

Y eso empezaría por que se nos respete, se nos de nuestro lugar, se nos valore en nuestra dimensión.

No es momento de reclamos ni de reivindicaciones, pero así como a nosotros, los Docentes nos cuestiona la profundidad del reto de Francisco, así les dejo, su reclamo, Señores autoridades, para su reflexión.

Francisco me presta nuevamente sus palabras, tomadas de una carta de saludo a los Maestros:

“Quiero felicitarlos por la gran tarea que Jesús ha puesto en sus manos. Cultiven su personalidad, transmitan con su ser un estilo, una certidumbre. No sucumban ante la tentación de prorratear la Verdad.

Enseñen a amar como Jesús, muestren el esplendor de la verdad que aparece, para el que sabe ver, emergiendo en cada rincón de la naturaleza o en las obras de los hombres. Forjen ideas luminosas para que, apropiándoselas, orienten a los jóvenes por los campos de la vida.

Ayuden a generar lazos y vínculos con las personas y lugares, porque se crece alimentando pertenencias.

Reconcíliense con el esfuerzo por mantenerse en pie, superando los tropiezos. Tengan pasión por la Verdad, el Bien y la Belleza. No caigan en la tentación del facilismo que los hace débiles. Sepan que, en una existencia sin trascendencia, las cosas se vuelven ídolos”.

No se si seguir… Francisco enaltece nuestra labor, pero para ello pone la valla bien alta y exige de nosotros valentía para cultivar la Verdad, el Bien y la Belleza, y difundirlas; y esfuerzo para no caer en la debilidad del facilismo. Y ante las Asociación de Maestros Católicos de Italia, Francisco vuelve a plantear el reto:

“Los docentes están por naturaleza abiertos al futuro porque hay siempre nuevas generaciones de jóvenes a los que transmitir el patrimonio de conocimientos y de valores”

Enseguida pide a los profesores actualizar las propias competencias didácticas, también a la luz de las nuevas tecnologías, porque “ser profesor no es solo un trabajo: es una relación en la que cada maestro debe sentirse enteramente implicado como persona, para dar sentido a la tarea educativa hacia los propios alumnos”.

“Los animo a renovar su pasión por el hombre en su proceso de formación y ser testimonios de vida y de esperanza…”, sigue Francisco… El suyo es “un trabajo precioso porque permite ver crecer día a día a las personas que han sido confiadas a nuestro cuidado y es un poco como ser padres, al menos espiritualmente”.

“Es una gran responsabilidad, así como un trabajo serio que solo una persona madura y equilibrada puede realizar”.

El Papa recordó que  la enseñanza más importante de Jesús es la de “amar al Señor tu Dios y amar al prójimo… Nos podemos preguntar: ¿Quién es el prójimo para un profesor?.¡El ‘prójimo’ son los estudiantes!, … Son los que por él tienen un guía, una dirección…”.

El Papa nos pidió que iluminemos y motivemos una “justa idea de escuela”, que “es oscurecida por discusiones y posiciones reductivas” y recordó que “la escuela está hecha en Verdad de una válida y cualificada instrucción, pero también de relaciones humanas, que de parte nuestra son relaciones de acogida, de benevolencia, de reservar a todos indistintamente”.

Nos retó a “amar con mayor intensidad a sus estudiantes más difíciles, más débiles, más desfavorecidos… amar más a los estudiantes que no quieren estudiar, aquellos que se encuentran en condiciones de privación, los discapacitados y los extranjeros…”.

Luego resalta que nuestro rol de educadores no se reduce a las horas que pasamos en las aulas:

“El Sol no se apaga durante la noche, se nos oculta por un tiempo por encontrarnos «al otro lado», pero no deja de dar su luz y su calor. El docente es como el Sol. Muchos no ven su trabajo constante, porque sus miras están en otras cosas, pero no deja de irradiar luz y calor a los educandos, aunque únicamente sabrán apreciarlo aquellos que se dignen «girarse» hacia su influjo…”.

“Yo les invito a ustedes, profesores, a no perder los ánimos ante las dificultades y contrariedades, ante la incomprensión, la oposición, la desconsideración, la indiferencia o el rechazo de sus educandos, de sus familias y hasta de las mismas autoridades encargadas de la administración educativa.

La educación es el mejor servicio que se puede prestar a la sociedad, pues es la base de toda transformación de progreso humano, tanto personal como comunitario. Este sacrificado servicio pasa desapercibido para muchos.

Probablemente, ustedes no podrán ver el fruto de su labor cuando éste aparezca, pero estoy convencido de que gran parte de sus alumnos valorarán y agradecerán algún día lo sembrado ahora. No confundan nunca el éxito con la eficacia. En la vida no siempre lo eficaz es exitoso y viceversa.

Tengan paciencia, mejor, esperanza. No olviden que la clave de toda obra buena está en la perseverancia y en ser conscientes del valor del trabajo bien hecho, independientemente de sus resultados inmediatos. Sean fuertes y valientes, tengan fe en ustedes y en lo que hacen.”

“Nunca te olvides de quitarte los zapatos porque con tu trabajo estas caminando por un suelo sagrado que es el corazón de tus alumnos. Todo lo que hagas en él dejara huellas eternas”.

“Que Dios les bendiga y bendiga su abnegada labor diaria, la mayoría de las veces oculta, silenciosa e inapreciada, pero siempre eficaz y valiosa” (Papa Francisco).

Gracias Francisco por ayudarme hoy. Pensé que lo mejor que podía hacer hoy es traer tus palabras a esta comunidad de Docentes de una Universidad Católica y estoy seguro, que escuchamos, que apreciamos tus palabras y que las asumimos con honor y responsabilidad.

Termino convencido que asumir tan grande reto solo es posible si hacemos nuestra labor con amor. Y Otra vez me veo en la necesidad de recurrir a otro que lo puede decir mejor que yo. Esta vez Silvio Rodriguez me presta algunos versos:

Debes amar la arcilla que va en tus manos
Debes amar su arena hasta la locura
Y si no, no la emprendas que será en vano.
Sólo el amor alumbra lo que perdura.

Sólo el amor convierte en milagro el barro.
Debes amar el tiempo de los intentos.
Debes amar la hora que nunca brilla.

Y si no, no pretendas tocar los yertos.
Sólo el amor engendra la maravilla.
Sólo el amor consigue encender lo muerto.

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