Discurso por las Bodas de Oro de la Primera Promoción de Educación “William Morris Christy”

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Discurso por las Bodas de Oro de la Primera Promoción de Educación “William Morris Christy”

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Dr. Horacio Ramírez del Carpio

La  mejor manera de retribuir por todo lo que hemos recibido, se manifiesta  mediante nuestra GRATITUD, una palabra tan simple pero que encierra un profundo  significado.

Esa gratitud, ese agradecimiento,  debemos entenderlo  como el  sentimiento o virtud, emoción o actitud mediante la cual, reconocemos los beneficios o favores que hemos recibido durante los 50 años de egresados y que tomamos el camino del Magisterio que nos legó Jesucristo, como sus seguidores más cercanos.

Esa emoción  es la exteriorizamos hoy, pues debemos agradecer con mucha humildad a los que nos han asistido a través y durante el camino recorrido con nuestra profesión.

Pero, conscientemente reparamos en lo que engloba la gratitud como virtud.

  • Es una consecuencia del reconocimiento de nuestra vida, al entenderla como un regalo de Dios, y porque al cultivarla nos vamos proporcionando ese sosiego que necesitamos, para luego encontrar nuestra propia paz y nuestra armonía interior.

“Si esperamos despertar cada mañana, agradezcamos a Dios por estar vivos”

LA GRATITUD Y LA HUMILDAD

Nos formulamos  esta pregunta:  “¿Será necesario encontrar a alguien que sufra más que nosotros para aprender a agradecer lo que tenemos?, nos decía san Francisco de Asís.

Creemos sinceramente que no, pero ¿por qué?…

Porque la gratitud nace de la humildad.

El hombre, mientras más sabio sea, debe ser más humilde”, sentenciaba  un filósofo.

Y si demostramos humildad, simplemente es porque:

  • Reconocemos  nuestros errores y limitaciones. No somos perfectos.
  • Estamos dispuestos a equivocarnos y a aprender de esas equivocaciones
  • Sabemos pedir perdón, palabra y actitud heredadas de Jesucristo
  • Ayudamos, respetamos y valoramos a todos los demás, sin discriminaciones
  • Dejamos de lado el presumir y el alardear
  • Demostramos generosidad, sin recompensa alguna
  • Reconocemos que hay otros mejores que nosotros, sin envidia, y desarrollamos nuestras fortalezas para llegar también a ese nivel.

Las personas humildes son las que mejor se valoran, practicando el respeto por sí mismas, para partir de ahí, el saber  respetar y valorar a los demás.

“ No esperes que te reconozcan por tus éxitos, sino que te reconozcan por tus valores”

Si somos  agradecidos, coadyuvaremos a que los demás la compartan con nosotros, así como lo hicimos con nuestros discípulos ¿Cómo así?, pues…

  • Ayudándolos a encontrarse con la vida, con su vida
  • Contribuyendo a su felicidad, con optimismo
  • Elevando su autoestima, su confianza y su seguridad
  • Mejorando sus condiciones para insertarlos en la sociedad del futuro
  • Fortaleciendo sus valores y sus virtudes

Si hemos cumplido esto y más, debemos  sentirnos agradecidos.

“No permitas que alguien venga a ti, y se aleje sin ser mejor y más feliz”, decía la ahora santa Teresa de Calcuta.

Pero, como Promoción Bodas de Oro de esta nuestra casa superior de estudios, debemos demostrar nuestra gratitud, en primer lugar, a Dios, porque nuestra vocación nos impulsó a calzarnos las sandalias de Jesús para encaminarnos junto con El, por distintos caminos y compartir con nuestros discípulos, los senderos del bien común, de pensar en el necesitado y dejarnos guiar por El, cuando nos repite: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Agradecer  al P. Morris, por habernos recibido con los brazos abiertos, con ese corazón sencillo, y esa su mente, para zarpar en la nave de la sabiduría, de la laboriosidad, del respeto, de la perseverancia, de la responsabilidad, con la serenidad y firmeza suficientes y, sobre todo, el amor al servicio a los demás, con sensibilidad social, con esperanza, y surcar esos mares de zozobra para convertir los océanos  de la vida en un mundo de  justicia y donde reine la paz.

Gracias a nuestros profesores, porque nos abrieron las puertas de sus enseñanzas enmarcadas en una pedagogía de mucha utilidad, visionando el futuro al que  nos debíamos enfrentar, para salir airosos, satisfechos y más porque nuestras labores comprometían una responsabilidad social respaldada por los valores y virtudes, base de una excelencia personal y profesional.

Gracias a la sociedad de nuestra región y otras regiones, por habernos permitido insertarnos dentro de las macrorresponsabilidades que cada una tenía, tomando en cuenta que…

“Por la educación, el hombre consigue su LIBERTAD,

por la ignorancia, sigue encadenado a la ESCLAVITUD”

Gracias a nuestros discípulos, porque caminamos junto a ellos, por estimularnos a ser mejores cada día, y así descubrir y construir nuevos conocimientos, compartir sus experiencias, sus vivencias y también sus inquietudes, sus sueños y que los logren con mucha fe y perseverancia.

¿Cuántos de ellos y ellas ya han logrado sus sueños y hoy son hombres y mujeres de bien para la sociedad?

Quizás enarbolaron tres virtudes: “ Coraje para vivir;  generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir”

Hicimos eco de lo que  Aristóteles decía  “Educar la mente sin educar el corazón, no es educación en absoluto”

Gracias a nuestros padres y a nuestras familias que, de una u otra manera,  también nos estimularon y comprendieron dentro del hogar sobre nuestra misión profesional.

Hermanas y hermanos de la Promoción Bodas de Oro, no pensemos en “qué mundo estamos dejando para las generaciones  de hoy, sino en qué generaciones estamos dejando para el mundo de mañana”

A las autoridades de la UCSM, a nuestros familiares y amigos, y al público en general, por acompañarnos en esta mañana, les decimos de todo corazón… 

                                     

                                                                                                  MUCHAS GRACIAS.

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