El Padre Morris, la UCSM y Arequipa.

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El Padre Morris, la UCSM y Arequipa.

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Hoy conmemoramos el nacimiento del fundador de nuestra universidad, por lo que en esta ocasión recordamos el discurso pronunciado por Ramiro De Valdivia Cano, docente miembro de nuestra comunidad el mismo año del fallecimiento del Padre William Morris.

“Fue el 08 de setiembre de 1981 cuando los ex alumnos del Padre Morris que dirigíamos la ADUCA decidimos obsequiar a la UCSM en su fecha jubilar, al cumplirse su vigésimo aniversario, un retrato que reencarne la materialidad del R.P. William Daniel Morris S.M.  su egregio fundador. Para lograrlo contamos con  la multánime colaboración económica de toda la comunidad Marianista y el  diestro apoyo de don Oswaldo López Galván obteniendo esta magnífica expresión del arte arequipeño, que resultó la obra mimada del renombrado pintor yanahuarino y que preside el auditorio académico. Pero la obra maestra de Padre Morris  -arquitecto, planificador, maestro, teólogo y humanista postmoderno– es la UCSM. Esta querida Casa Superior  es el lienzo en el que se reencarna su materialidad humana “… para que se alce frente  a las postreras generaciones, en su actitud de imperio, cuando esplendió  por la voluntad; en su actitud de meditación cuando en su frente se agolparon las ideas como las olas de un mar sagrado, tan profundo como silencioso. Pero el lienzo, aunque participa del hálito que el alma colectiva pone en los símbolos que el arte transubstancia, no comunica a las generaciones, con la calidez viva, la vibración que, en la figura de estos hombres excelsos, (como lo es Padre Morris) fue energía psíquica, esfuerzo personalísimo, lucha tenaz, sufrimiento mudo, bien de todos, gloria, en fin, de su pueblo y de su casta…”; tal como describió don Francisco Mostajo el retrato de don Toribio Pacheco que develara en el Colegio de Abogados.

En 1988 hizo crisis una dolencia estomacal que aquejaba al Padre Morris por varios meses. Por prescripción médica tuvo que ser llevado de urgencia al hospital de Missouri que su congregación había escogido. Tal vez sería la ocasión de convencer a Padre Morris de retirarse a una merecida jubilación con los cuidados que la Compañía de María brinda en los EE. UU a sus sacerdotes en la tercera edad; y de reencontrarse, –después de casi 50 años ininterrumpidos de trabajo en el Perú—con sus tres cuñadas (sus hermanos y sus padres habían muerto) y sus sobrinos a muchos de los cuales conocería por primera vez. En todo caso, Dios mediante, el proceso de la curación y el restablecimiento darían una prolongada oportunidad para que la Congregación y los Morris decidieran qué hacer con el ilustre paciente. No habían pasado más de dos semanas cuando una llamada telefónica anunció a la UCSM que Padre Morris había decidido regresar a Arequipa. Y al día siguiente de la llamada, Padre Morris ya estaba en la UCSM reasumiendo sus labores con la tenacidad, decisión y el empeño de cualquier patriarca arequipeño. Solamente transigió en disminuir un par de horas su carga académica; y en dejar el lote de Apima, en el que don José Domingo Choquehuanca Borda lo había cobijado por tantos años, para irse a vivir más cerca del centro, en el departamento que le asignó la UCSM en su casa de Umacollo.

La historia del Padre William Morris S. M. es la de la UCSM: una de las páginas cumbres de la historia de Arequipa y de su influencia regional. Como las grandes historias, puede ser provechosamente leída en más de un nivel: es la conmovedora historia de un sacerdote y maestro en su indesmayable búsqueda de construir una formación profesional científica, democrática y cristiana; y es la búsqueda del significado cósmico del hombre. Otra vez, es la historia de Arequipa que corre paralela a la de sus grandes maestros.

Desde lo antiguo, la historia de Arequipa señala como sus factores más destacados a sus maestros y sus instituciones educativas: al obispo  Chávez de la Rosa y el Seminario de San Jerónimo que él dirigía, como la cantera de la que salieron los fundadores arequipeños de la Patria. Al Deán Valdivia, como padre espiritual de aquellas generaciones que legaron a la posteridad un Perú nuevo y libre, a las que Valdivia les dio el sustento intelectual desde la cátedra del Colegio Independencia, la Universidad de San Agustín, la Academia  Lauretana y desde la curul parlamentaria. ¿No es también un ilustre maestro de Arequipa quién dirige aquel cenáculo político y revolucionario que se reúne en la Quinta Tirado de Miraflores, que Mariano Melgar bautiza con el nombre de “La Tertulia Literaria”.

Y si seguimos las líneas troncales de la Historia  nuestra, encontraremos a los otros maestros que han forjado aquella Arequipa que es “… la expresión de la obra suprema, única y feliz de la cultura”, y no podemos dejar de mencionar a un Padre Duhamel, a un Juan Pablo Vizcardo, a un Hipólito Sánchez Trujillo, a un Toribio Pacheco, a un Rivero y Ustáriz, a un Tomás Alvarez Cano, a un Jorge Polar, a un Francisco Mostajo, a un Bustamante  y Rivero. También a un Juan Manuel Polar Vargas declarado sin ambages “el maestro querido de todos los tiempos”. Pero, Chávez de la Rosa no es el único sacerdote y maestro ilustre que adopta la arequipeñidad, ni el único que entrega con alegría inefable su vida por esta tierra y sus gentes a cambio de nada. Hay otro que cada mañana sale a enseñar y a evangelizar de su departamento de Umacollo. Antes lo hacía en su Studebaker 1953 que ya es parte de la escena mistiana. Era un gringo arequipeño, octogenario y siempre lúcido.

 

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Recordemos que fue el año de 194O el que vio llegar a Lima a un joven y brillante norteamericano marianista de Saint Louis, Missouri. Había quedado huérfano de madre antes de los diez años;  y en los rigores de la pobreza y el cuidado de sus tres hermanos menores, descubrió su doble vocación docente y religiosa. Al culminar su servicio militar había ingresado a la Compañía de María, congregación católica forjada en Francia, en 1816 por el Padre William Joseph Chaminade, dedicada a la educación cristiana. Así llega al Perú, acreditado con los más altos galardones de la multisecular  Universidad de Friburgo y otros lauros académicos otorgados por universidades de los EE. UU. (Chávez de la Rosa también traería de la Universidad de Osuna un bachillerato en Derecho  Canónico y el doctorado en Teología). El recién llegado a Lima absorbería con avidez la realidad peruana a través de su acción pastoral y educativa; y a través  del diálogo de tú a tú con los Basadre, Belaúnde, Bramont Arias, Alberto Ulloa y otros famosos peruanos con quién compartiría las aulas de San Marcos. (Chávez de la Rosa haría lo propio en Arequipa con los Francisco de la Fuente, Eduardo de Valdivia, Mateo de Cossio, Mariano de Rivero). Son casi veinte años que Padre Morris dedica a Lima, forjando los colegios Santa María y San Antonio que son modelos de alta calidad educativa, a los que risueña pero reverentemente se refiere Mario Vargas Llosa en “La Tía Julia y el Escribidor” y Bryce Echenique en “No me esperen en Abril”.

El joven sacerdote de la Compañía de María, quedaría fascinado por la personalidad de Arequipa y detectaría la necesidad de establecer en ella una Universidad Católica. En 1947 empieza a pergeñar  sus primeros proyectos y sus primeras visitas a la Casa de Pizarro – que en aquellos días tenía como titular a un Profesor de la Universidad de San Agustín, su amigo don José Luis Bustamante y Rivero. Esta misma Casa le cerraría sus puertas cuando el profesor de la UNSA fuera arrojado de sus instalaciones;  y luego, pasado el ochenio de dictadura, sus puertas se reabrirían y las visitas se harían más insistentes cuando el pueblo peruano otorgara el mandato en elecciones libres a don Manuel Prado. El nuevo titular le prometería dar culminación a sus trámites para la creación de esta Universidad Católica imaginada por el sacerdote norteamericano y desde ya consagrada a Santa María.

Y lo demás, ya aparece en los libros: el arribo definitivo en 1959 de este sacerdote y maestro para encontrar en Arequipa su segunda patria y el apoyo más comprometido, entusiasta y afectuoso de monseñor Leonardo José Rodríguez Ballón O. F. M.  arzobispo de Arequipa. También pertenecen a la historia los afanes del Padre Morris para reunir el suficiente capital humano y material de muchas personas arequipeñas y extranjeras que tendrían que renunciar –como ya lo hizo desde el comienzo el Padre marianista- a cualquier tipo de interés subalterno por las inversiones que harían en pro de la edificación de una Casa de Estudios Superiores. También pertenece a la historia la expedición del D.S. 024 de 06 de diciembre de 1961 por el presidente Manuel Prado poniéndose el cúmplase al nacimiento de la UCSM; aquel primer examen de admisión en el que fueron seleccionados los 112 primeros cachimbos; su consagración como primer Rector a propuesta del arzobispado. (Chávez de la Rosa sería presentado por Carlos III y preconizado Obispo de Arequipa por S.S. Pío VI).

Y cuántos centenares de profesionales de hoy aún dedican sus más emocionados recuerdos al Padre Rector de la década de 1960 confundido con los trabajadores de Inara, removiendo las mezclas de concreto y poniendo los ladrillos, haciendo las instalaciones eléctricas, revisando los planos, buscando junto a la madres Esclavitas y a la engreída madre Christóforis Deneke las donaciones que harían posible seguir adelante con el trabajo; y también dictando cátedra a lado de los  Villa Calvo,  don J. Teobaldo Paredes Valdez, los Cornejo Polar, Núñez Borja, Polar Ugarteche, Quintanilla Paulet, Veramendi, Mazeyra; de las Madres Esclavitas, de Maryknoll, de San José y Padres marianistas.

Y ese sacerdote y maestro, de la estirpe de los Chávez de la Rosa y Deán Valdivia tiene ya un lugar de honor en Arequipa y en el corazón de cada alumno, cada graduado y cada profesor marianista que lo recuerda, en su augusta y soledosa ancianidad, que cada día restringía más sus salidas  de casa a celebrar la Santa Misa de las 06:30 am en el templo de las Esclavitas; y su dictado de clases y dirección del Programa Profesional de Teología de su Universidad;  y  atender consultas y realizar  intensa labor pastoral en Pueblos Jóvenes de Paucarpata; y liderar la Obra Social López de Romaña junto a más de 25 médicos que con él atendían los problemas de salud física y espiritual, de albergue, de alimentación de cientos de ancianos desamparados; y bendecir los equipos y las actividades de los CEMPOS (los Centro de Proyección Social que ha instalado la Universidad Católica en diversos Pueblos Jóvenes de Arequipa); sin olvidar sus reuniones semanales con los alumnos y ex alumnos, profesores y trabajadores Marianistas y sus familias,  y con Mario,  cada sábado  al medio día.

 

Arequipa, setiembre 8 de 1999.

Ramiro De Valdivia Cano.

 

 

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