La sociedad y el Derecho a la Salud

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La sociedad y el Derecho a la Salud

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La preocupación del Dr. Marco Tulio Falconí Picardo sobre el Derecho a la Salud tiene ya varios lustros. En sus años de estudiante universitario lo vimos investigando los recovecos de la salud moral de los peruanos plebiscitarios que rescataron Tacna para el seno de la Patria. En sus días de Congresista de la República, sus campañas a favor de la salud pública fueron intensas y extensas, así como sus invocaciones a la Declaración de Copenhagen y a salvaguardar el acceso a los servicios de salud -cuya carencia es uno de los síntomas de pobreza absoluta

Tiene, pues, el Dr. Falconí toda la autoridad para asumir el reto de publicar sus ideas acerca del derecho fundamental a la Salud y lo hace con realismo, precisión y adecuada prosa. Pero no se limita a la crónica de los hechos. Del significante trasciende a los significados de las infracciones de ese Derecho fundamental. El suceso es presentado como la parábola de lo que ocurre en una sociedad enferma, traspasada por los virus del hedonismo, el relativismo, el egoísmo, el ateísmo, el consumismo.

La parábola de las leyes, resoluciones y jurisprudencia en materia de salud va paralela al relato del desprecio por la vida del niño no nacido, del infante, de los discapacitados -desprecio del que hace gala la civilización del espectáculo, bajo la batuta de las elites políticas, mediáticas y financieras. La parábola advierte de las consecuencias apocalípticas que el desdén por el Derecho a la vida y a la salud que puede desencadenar un estado de violencia generalizada, de corrupción y decadencia social. Si bien la solidaridad, la espiritualidad, la fraternidad y aun el buen humor son las notas características de la conducta de los más humildes entre las víctimas, las respuestas de la sociedad enferma son muy diferentes.

Estas respuestas podrían no corresponder a un trastorno sanitario o mental, pero es obvio que la sociedad agredida ha sido inducida a un modelo mental de plataforma o traumática o inexplicable e indefinible.

Es así que la sociedad enferma se muestra indiferente, cuando no complacida ante la conducta malsana de sus poderosos amos. El interés de éstos parece estar fundado en una concepción arbitraria de la libertad. En todo caso, sus motivaciones e intereses son opuestos a la promoción del bien común y la salud pública

El masivo ataque que los líderes del statu quo han emprendido contra la vida y la salud ha logrado aplastar a amplísimos sectores sociales. Esta captura ha establecido un enlace asimétrico pero empático y fraternal- a- la- fuerza, y de trabajada complacencia, entre los agentes del poder y sus víctimas. El enfermo no rechaza el virus que se ha alojado en su alma y su mente.

Por lo contrario, se afana en conquistar la simpatía de su agresor mediante el aplauso, la obediencia; en integrarse como cómplice, como pareja armónica. La aceptación pasiva se torna agradecimiento.

El infectado agradece al agente que le ha inyectado el virus que le traería la nueva libertad y el post moderno concepto de salud pública, “libertad” y “salud” que no reconocen límites al egoísmo. Las libertades que rechazan los deberes y las responsabilidades.

Para vejar el concepto de Derechos Fundamentales, los agentes del establishment conjugan el Derecho a la Salud con esta nueva libertad irresponsable: Anticoncepción, condones, píldoras abortivas, aborto, divorcio, vasectomía, ligadura de trompas, eutanasia y eugenesia. Y sexo libre porque el agresor advierte que es imposible luchar contra el don de la sexualidad y que esta puede ser convertida en un entretenimiento muy económico, en una cortina de humo, si la despoja de sus aspectos éticos y trascendentales; y si la convierte en su aliada; siempre que se tome las providencias para que se frustre el embarazo.

No es tarea fácil la asumida por el Dr. Falconi; pero ha logrado identificar la convergencia entre significante y significado de la parábola del Derecho a la Salud y la civilización enferma. La enseñanza es pródiga en advertencias: La generación que protagoniza la parábola es secuestrada inadvertidamente o contra su voluntad, con el virus del consumismo, el hedonismo, el relativismo y el ateísmo. Si permanece por un tiempo en condiciones de aceptación de la decadencia, si solo se alimenta delos mensajes que le arrojan los agentes del caos, y es impedida del acceso a otros puntos de vista, otros arquetipos y símbolos; si ello ocurre, en estas circunstancias, los infectados pueden desarrollar, para sobrevivir, una corriente afectiva de complacencia hacia sus agresores, o una aceptación tácita del sojuzgamiento. El infectado por el virus termina siendo un fanático de las supersticiones a que su agresor lo ha inducido; y renuncia a su derecho fundamental a la Salud física, mental y espiritual. Y a la verdadera libertad.

Por: Ramiro De Valdivia Cano

El autor es Juez Supremo de la Corte Suprema, profesor en las Universidades Católica de Santa María (Arequipa), San Ignacio de Loyola (Lima) y de la Academia de la Magistratura del Perú

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