Vida universitaria y voluntariado de Santa María

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Vida universitaria y voluntariado de Santa María

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La etapa universitaria es algo más que asistir a clase, estudiar y rendir exámenes. La universidad es aprendizaje, cultura, relaciones con los compañeros y también deporte y diversión. Obtener una titulación universitaria como mínimo con estudios que llevan cinco años de tu vida, tiempo que si se organiza da muchos frutos.

Deporte, cine, teatro, festivales musicales… millones de actividades, relacionadas o no con el ámbito de la formación, que se organizan a través de los vicerrectorados. Porque la vida universitaria también te forma como persona y te aporta cualidades que luego serán muy valoradas en tu currículum profesional como las habilidades comunicativas, la capacidad de ser flexible y adaptarte a las circunstancias y la de organizar tu trabajo (para poder estudiar y a su vez no perderte un concierto o una proyección de cine).

Las universidades tienen una vida cultural muy dinámica gracias a una programación de actividades que incluye todo tipo de talleres, cursos, seminarios o jornadas relacionadas con temas como el teatro, el cine, la literatura o el arte, así como los juegos florales santamarianos. Suelen estar organizadas por los vicerrectorados académico, de investigación y administrativo  y tienen un objetivo común: impulsar la creación de redes de colaboración entre la comunidad universitaria y fortalecer el tejido cultural.

VOLUNTARIADO DE SANTA MARIA

Hace 19 años el Voluntariado de Santa María inició su andadura misionera, de  servicio y cercanía con los olvidados de la historia. La primera misión, en diciembre del 2002, fue inolvidable y los llevó a los pueblos de  Tuti, Lari y Madrigal, alrededor de 30 estudiantes de distintas carreras profesionales, convivieron y compartieron con los lugareños durante una semana, esta experiencia marcó la ruta que seguirían las subsiguientes misiones hasta el presente.

Lo interesante de la primera misión del Voluntariado, es que “abrió fronteras”, podríamos decir que “les abrió los ojos y el corazón”. Porque inmediatamente, el año siguiente, dos voluntarias recién egresadas del Programa de Teología, partieron a la Misión Permanente en la selva peruana: Elsa Calizaya y Marleni Aguirre, quienes durante siete años consecutivos trabajaron como laicas Voluntarias en Indiana, Mazán, San Pablo, Islandia y el Estrecho. El año 2006 se sumaron a esta misión en la selva tres voluntarias, Giovanna Apaza (magister en DSI), Paquita Hinojosa (abogada) y Zhenia Sotomayor (odontóloga), acompañando durante ese año a los hermanos de la selva, y ofreciendo gratuitamente su tiempo y profesión al servicio de los demás.

Cada año los Voluntarios al término de cada semestre académico, alistan maletas para salir al encuentro de los rostros sufrientes. En estos diecinueve años han visitado aproximadamente más de 50 pueblos, de distintas provincias como: Caylloma, Caraveli, Puno, Parinachocas, Ica, Pisco. Un hito importante, fue la inmediata respuesta que dieron, frente al terremoto del año 2007 en Ica y Pisco, allí acudieron presurosos para acompañar y ayudar a los hermanos que habían sufrido ese desastre natural.

En estos 19 años de camino, han abierto y traspasado muchas fronteras, no sólo geográficas, sino principalmente fronteras culturales, económicas, raciales; sencillamente y sin grandes anuncios, caminan por diversos pueblos de nuestro país, ha sido un recorrido intenso, de experiencias gratificantes y enriquecedoras, de reconocernos como humanidad herida, pero a la vez humanidad capaz de gratuidad y solidaridad con los rostros sufrientes. Cada misión emprendida, es un aprendizaje en humanidad, es una lección de vida incomparable.

Es una tarea de servicio y gratuidad, porque el Voluntariado, es la decidida opción de la Universidad por ser una casa de estudios superiores misionera y samaritana. Misionera porque está llamada a llevar y anunciar el Evangelio, a ser un signo del amor de Dios en medio de las realidades de pobreza y miseria que viven tantos hermanos. Samaritana porque la inspiración cristiana, los interpela y obliga en conciencia, a buscar acercarlos a los muchos heridos del camino, para levantarlos y lavar sus heridas, para acompañarlos y solidarizarse con su vida, para acogerlos y escuchar sus tristezas y alegrías, haciéndose parte de sus vidas y ellos parte de las del voluntariado.


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